Creativialab | Combate a la posverdad
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Combate a la posverdad

“El Reino Unido envía 50 millones de libras cada día a la UE”, “EEUU permite el ingreso ilegal de personas para votar en las elecciones” o “el padre de Ted Cruz estuvo involucrado en el asesinato de Kennedy” son algunas de las afirmaciones que se vertieron en la campaña electoral a la presidencia de los Estados Unidos o en el referéndum por la salida del Reino Unido de la Unión Europa.

Afirmaciones que fueron después catalogadas como erróneas por sus propios portavoces o, simplemente, tomadas como demasiado absurdas para ser rebatidas. Sin embargo, algunas de ellas calaron en sectores del electorado y ayudaron posiblemente a decantar unas contiendas igualadas y muy polarizadas, apelando a las emociones y obviando los hechos. La propagación de estos titulares introdujo en ciertos ámbitos la idea que se quería propagar con más efectividad que una extensa recopilación de datos contrastados.

Tras las elecciones y ya con Donald Trump en la Casa Blanca, su consejera, Kellyane Conway, apeló hasta en 3 medios diferentes al recuerdo de la masacre de Bowling Green para referirse a la política migratoria de Obama. Tal masacre nunca existió -luego declaró que se refería a los 2 iraquíes detenidos en 2011 por intentar proporcionar material a terroristas. Ella misma acuñó el término “hechos alternativos” al ser preguntada por un periodista sobre la inexactitud de los datos ofrecidos por el Secretario de Prensa de la Casa Blanca acerca de la asistencia de público a la toma de posesión de Trump.

Posverdad, hechos alternativos o, simplemente, noticias falsas han sido utilizadas desde siempre en campañas electorales o de marketing, pero ha sido la popularización de las redes sociales la que ha ayudado de forma decisiva a su viralización indiscriminada. El origen de los clickbaits o titulares sensacionalistas del estilo ‘nunca creerás lo que le pasó a este hombre’, se encuentra en los beneficios económicos que obtienen los propietarios de las páginas hacia donde se dirige el tráfico. Y que en la mayoría de los casos el contenido no se corresponda con el titular o simplemente no exista no importa, porque seguimos compartiéndolo por Facebook, Twitter o WhatsApp sin leerlo, como demuestra este estudio de Chartbeat. Durante la misma campaña presidencial de EEUU, un grupo de adolescentes macedonios se dedicó a crear páginas web con noticias falsas sobre Trump, imitando la imagen de medios tradicionales estadounidenses y consiguiendo cientos de miles de dólares.

Internet se mueve y entidades de la talla de Wikipedia, Google o Facebook se han comprometido para evitar -o minimizar- la circulación de noticias falsas, algo que parece de entrada complicado. El cofundador de Wikipedia Jimmy Wales está lanzando una nueva publicación online, Wikitribune, diseñada como portal de información a base de noticias comprobadas con 10 periodistas profesionales a sueldo y, como en el caso de la enciclopedia, una comunidad de voluntarios y contribuidores que soportarán la gratuidad del servicio y, a su vez, podrán corregir o marcar contenidos como inapropiados. Google habilitó la opción de marcar como inadecuadas las predicciones del buscador para, de esta manera, modificar los resultados de su algoritmo de búsqueda. A modo de prueba en algunos países, Facebook presenta ya esta disponibilidad en sus post. Ambos portales impedirán el acceso a anuncios a los sitios web con noticias falsas. Zuckerberg presentó un plan de trabajo para mejorar el algoritmo que las detecte, así como cancelar las cuentas que propaguen dichas noticias.

Sin embargo, a pesar de estas medidas, la responsabilidad final será, como siempre, del propio lector. Y educar para aumentar la capacidad de análisis crítico de los lectores no es tarea que debiera recaer en los portales o las redes sociales.